Sleep Quality and Academic Performance in University Students: A Systematic Review from Health Psychology

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Calidad del Sueño y Rendimiento Académico en Estudiantes Universitarios: Una Revisión Sistemática Desde la Psicología de la Salud

Martínez-Nicolás, A.1,2,3, Núñez-Plaza, V.4, Gómez-López, M.5*, Leale, I.6

1) Laboratorio de Cronobiología, Departamento de Fisiología, Facultad de Biología, Universidad de Murcia, Campus Mare Nostrum, IUIE, IMIB-Arrixaca, Murcia, España
2) Área de Fisiología Humana, Facultad de Ciencias del Deporte, Universidad de Murcia, Murcia, España
3) Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES), Madrid, España
4) Facultad de Ciencias del Deporte, Universidad de Murcia, Murcia, España
5) Departamento de Actividad Física y Deporte, Facultad de Ciencias del Deporte, Universidad de Murcia, Murcia, España
6) Unidad de Investigación en Deporte y Ejercicio, Departamento de Psicología, Ciencias de la Educación y Movimiento Humano, Universidad de Palermo, Palermo, Italia

INFORMACIÓN DEL ARTÍCULO


Recibido el 10 de Marzo de 2026
Aceptado el 7 de Junio de 2026

RESUMEN


El sueño es un proceso esencial para el funcionamiento cognitivo, la regulación emocional y la salud general, especialmente en estudiantes universitarios expuestos a altas demandas académicas, horarios irregulares y uso intensivo de dispositivos electrónicos. Estas condiciones se asocian con peor calidad del sueño, que puede constituir un factor de riesgo para el rendimiento académico. El objetivo de esta revisión sistemática fue sintetizar la evidencia publicada entre 2020 y 2025 sobre la asociación entre calidad del sueño y rendimiento académico en estudiantes universitarios, desde la perspectiva de la psicología de la salud. Se realizaron búsquedas en PubMed, Scopus y Web of Science siguiendo PRISMA 2020, incluyendo 37 estudios (n = 19.440), cuya calidad metodológica se evaluó mediante la lista de verificación de Downs y Black. Debido a la heterogeneidad en los diseños, las medidas de sueño, los indicadores de rendimiento académico y la calidad de los estudios incluidos, se realizó una síntesis narrativa de los resultados. Los estudios se distribuyeron en tres patrones principales: asociación negativa entre peor calidad del sueño y menor rendimiento académico, ausencia de asociación y resultados mixtos o contraintuitivos. En conjunto, los hallazgos sugieren una relación generalmente negativa entre peor calidad del sueño y peor rendimiento académico, aunque la evidencia debe interpretarse con cautela por las limitaciones metodológicas observadas. Estos resultados resaltan la necesidad de integrar la evaluación y promoción del sueño saludable en intervenciones dirigidas a estudiantes universitarios.

PALABRAS CLAVE


Sueño en población universitaria
Desempeño académico
Hábitos de sueño
Factores psicosociales
Revisión de la literatura

Sleep Quality and Academic Performance in University Students: A Systematic Review from Health Psychology

ABSTRACT


Sleep is an essential process for cognitive functioning, emotional regulation, and overall health, particularly among university students exposed to high academic demands, irregular schedules, and intensive use of electronic devices. These conditions are associated with poorer sleep quality, which may constitute a risk factor for academic performance. The aim of this systematic review was to synthesize the evidence published between 2020 and 2025 on the association between sleep quality and academic performance in university students, from a health psychology perspective. Searches were conducted in PubMed, Scopus, and Web of Science following PRISMA 2020 guidelines, including 37 studies (n = 19,440), whose methodological quality was assessed using the Downs and Black checklist. Due to heterogeneity in study designs, sleep measures, academic performance indicators, and overall study quality, a narrative synthesis of the results was performed. The studies were categorized into three main patterns: a negative association between poorer sleep quality and lower academic performance, no association, and mixed or counterintuitive findings. Overall, the findings suggest a generally negative relationship between poorer sleep quality and academic performance; however, the evidence should be interpreted with caution due to the methodological limitations identified. These results highlight the need to integrate the assessment and promotion of healthy sleep into interventions targeting university students.

KEYWORDS


Sleep in university students
Academic outcomes
Sleep habits
Psychosocial factors
Literature Review
 

Introducción


El sueño es un proceso fisiológico esencial para la salud, la estabilidad emocional (AlRasheed, 2024) y el bienestar físico y mental de las personas (Almarzouki et al., 2022; Esht et al., 2023), además de desempeñar un papel clave en el funcionamiento cerebral y cognitivo, incluyendo el aprendizaje, la consolidación de la memoria, la atención y las funciones ejecutivas (Ceylan & Demirdel, 2023; Ho et al., 2022; Ong et al., 2023; Shehata et al., 2022). La literatura ha demostrado que la privación de sueño se asocia con alteraciones cognitivas y neuronales relevantes (Ho et al., 2022).

Otro aspecto importante es la calidad del sueño, la cual se define como la satisfacción con la experiencia de dormir, integrando duración, conciliación, mantenimiento y sensación de descanso (Berdida, 2024; Rathakrishnan et al., 2021). En relación a la población universitaria, esta se caracteriza por presentar una especial vulnerabilidad a la mala calidad del sueño debido a la carga académica, las actividades extracurriculares y los cambios en los hábitos diarios (Carrión-Pantoja et al., 2022; Driller et al., 2021; Souza et al., 2024). La prevalencia de problemas de sueño en este grupo de edad es elevada a nivel internacional, con porcentajes superiores al 50% en distintos contextos (Esht et al., 2023; Ong et al., 2023), lo que configura un problema de alcance global (Desjardins & Grandbois, 2022). Entre los factores asociados destacan las demandas académicas y organizativas, como el estrés académico y los periodos de exámenes, así como los plazos de entrega y la organización temporal de las actividades formativas (Ajeebi et al., 2024; Alhamed, 2023; Almarzouki et al., 2022; Armand et al., 2021; Suardiaz-Muro et al., 2023). Estos factores se han relacionado principalmente con una peor calidad del sueño, que a su vez puede repercutir en el rendimiento académico. A ello se suma el uso intensivo de dispositivos electrónicos y pantallas antes de dormir, práctica frecuente y muy relacionada con una peor calidad del sueño (AlRasheed, 2024; Mao et al., 2022; Wang & Bíró, 2020).

Existen diversos factores psicológicos y contextuales que pueden influir en la relación entre la calidad del sueño y el rendimiento académico. Por ejemplo, el estrés, la ansiedad y la depresión se asocian de forma consistente con una peor calidad del sueño y con dificultades en atención, comprensión y progreso académico (Berdida, 2024; Betancourt-Núñez et al., 2024; Rathakrishnan et al., 2021). Los resultados sobre diferencias por sexo y edad son inconsistentes en la literatura científica (Bustamante-Ara et al., 2022; Depreli et al., 2024; Esht et al., 2023; Ong et al., 2023; Valladares-Garrido et al., 2025). Otro factor relevante es el cronotipo de la persona. El perfil vespertino se asocia con mayor riesgo de mala calidad de sueño, aunque su relación con el rendimiento académico no es concluyente y podría estar mediada por somnolencia diurna y trastornos del sueño (Ajeebi et al., 2024; Mao et al., 2022; Sofyana et al., 2022; Souza et al., 2024; Toscano-Hermoso et al., 2020). En el marco de esta revisión, estas variables se consideran principalmente como contexto interpretativo cuando así lo permiten los estudios originales, más que como objetivos de análisis específicos.

Entendemos por rendimiento académico universitario el grado de logro de los objetivos educativos y competencias adquiridas, incluyendo aprendizaje, retención, desarrollo de habilidades y consecución de metas académicas (Bustamante-Ara et al., 2022; Ceylan & Demirdel, 2023; Masnan et al., 2025; Souza et al., 2024). Su evaluación combina por un lado indicadores objetivos, como el GPA (Grade Point Average o promedio de calificaciones en el sistema académico anglosajón) o el ranking académico, y por otro, medidas subjetivas de percepción y satisfacción (Betancourt-Núñez et al., 2024; Desjardins & Grandbois, 2022; Esht et al., 2023; Mao et al., 2022; Suardiaz-Muro et al., 2023).

La evidencia previa a 2020 mostró mayoritariamente una asociación negativa entre mala calidad del sueño y rendimiento académico, explicada por el impacto del sueño en la consolidación de la memoria, la atención, las funciones cognitivas superiores y el estado de ánimo de los estudiantes (Ahrberg et al., 2012; Baert et al., 2015; Flueckiger et al., 2014; Gomes et al., 2011; Lemma et al., 2013; Suardiaz-Muro et al., 2020; Orzech et al., 2011; Wong et al., 2012). No obstante, la literatura empírica publicada desde entonces ha descrito un panorama más heterogéneo, con estudios que informan resultados nulos e incluso asociaciones contraintuitivas entre distintas dimensiones del sueño y el rendimiento académico (Almarzouki et al., 2022; Armand et al., 2021; Driller et al., 2021; Esht et al., 2023; Ong et al., 2023; Yaghmour et al., 2023). Este patrón de discrepancias se ha relacionado con varias limitaciones habituales en los estudios primarios, como el predominio de diseños transversales, el uso de medidas autoinformadas y la limitada incorporación de indicadores objetivos de sueño y diseños longitudinales (Gilstrap et al., 2022; Ho et al., 2022; Masnan et al., 2025; Tan & Greenwood, 2021; Toscano-Hermoso et al., 2020).

Desde la psicología de la salud, el sueño se concibe como un comportamiento de salud clave, estrechamente vinculado a la regulación emocional, al afrontamiento del estrés académico y al mantenimiento del funcionamiento cognitivo en contextos de alta demanda (González Martínez, & García González, 2009; Díaz Facio Lince, 2010). Este enfoque, basado en el modelo biopsicosocial, pone el acento no solo en la asociación entre calidad del sueño y resultados académicos, sino también en los procesos y contextos psicosociales que pueden favorecer o dificultar la adopción de hábitos de sueño saludables en la población universitaria (Díaz Facio Lince, 2010; Matarazzo, 1980). En el marco de esta revisión, la perspectiva de la psicología de la salud permite interpretar los hallazgos no solo en términos de relación estadística entre variables, sino también en términos de implicaciones para la prevención, la promoción de la salud y el diseño de intervenciones dirigidas a mejorar el sueño y, de forma indirecta, el rendimiento académico de los estudiantes (Díaz Facio Lince, 2010).

La última revisión sistemática específica de estudios en estudiantes universitarios es la realizada por Suardiaz-Muro et al. (2020), que incluyó estudios hasta el año 2019. Dicha revisión analizó la relación entre el sueño y el rendimiento académico considerando múltiples fenómenos relacionados con el sueño, como la somnolencia, la duración, la privación total, la calidad del sueño, el cronotipo, la regularidad y los trastornos del sueño, y concluyó que, en términos generales, un sueño inadecuado se asocia con un peor rendimiento académico, aunque con discrepancias según la dimensión analizada. Desde entonces ha aumentado de forma notable la producción científica, aunque persisten resultados contradictorios y limitaciones metodológicas. Además, la literatura reciente ha incorporado nuevos contextos culturales, diferentes indicadores de rendimiento académico y una mayor presencia de variables psicosociales potencialmente relacionadas con esta asociación, como el estrés académico, el bienestar psicológico y el cronotipo. En consecuencia, resulta necesaria una actualización que sintetice la evidencia reciente y clarifique el estado actual del conocimiento.

En este contexto, la presente revisión se centra específicamente en la relación entre la calidad del sueño y el rendimiento académico en estudiantes universitarios. La calidad del sueño se aborda principalmente como un constructo global evaluado mediante instrumentos validados, aunque también se consideran, cuando los estudios lo permiten, dimensiones concretas como la duración, la latencia, la eficiencia o la disfunción diurna. Por su parte, el rendimiento académico se examina fundamentalmente a través de indicadores de calificaciones, como el GPA o el CGPA, complementados en algunos estudios por medidas de rendimiento percibido o funcionamiento académico.

Desde la perspectiva de la psicología de la salud, esta revisión también toma en consideración variables psicosociales como el estrés académico, el bienestar psicológico o el cronotipo, no como resultados principales, sino como factores que pueden ayudar a contextualizar e interpretar la heterogeneidad de los hallazgos cuando los estudios primarios los incorporan. En aquellos casos en que la evidencia lo permite, estas variables se analizan como posibles mediadores o moderadores de la relación entre calidad del sueño y rendimiento académico.

Por ello, el objetivo de este trabajo fue realizar una revisión sistemática de la literatura científica para analizar la evidencia publicada sobre la relación entre la calidad del sueño y el rendimiento académico en estudiantes universitarios. De este modo, la presente revisión no solo actualiza la evidencia sintetizada por Suardiaz-Muro et al. (2020) con estudios publicados entre 2020 y 2025, sino que también amplía su aportación mediante una evaluación específica de la calidad metodológica con la lista de Downs y Black y una síntesis narrativa de los patrones de asociación observados desde la perspectiva de la psicología de la salud.

Método


Diseño y protocolo

Se realizó una revisión sistemática de la literatura científica sobre la relación entre la calidad del sueño y el rendimiento académico en estudiantes universitarios, siguiendo las directrices de la declaración PRISMA 2020 (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses) (Page et al., 2021).

Estrategia de búsqueda

La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo el 20 de marzo de 2025 en las bases de datos PubMed, Web of Science y Scopus. Se empleó la siguiente ecuación de búsqueda: “Sleep quality” AND (“Academic performance” OR “Academic achievement”) AND (“University students” OR “College students”) NOT (“Systematic review” OR “Meta-analysis”). Se aplicaron filtros de publicación en los últimos cinco años y de idioma (inglés o español).

Criterios de inclusión y exclusión

Se incluyeron estudios que: (a) analizaran la relación entre la calidad del sueño y el rendimiento académico, (b) estuvieran realizados con estudiantes universitarios, (c) estuvieran publicados en inglés o español, (d) perteneciesen a cualquier tipo de estudio por finalidad (descriptivo vs. analítico), inicio del estudio (retrospectivo vs. prospectivo), corte temporal (transversal vs. longitudinal) o control de la asignación de factores (observacional vs. experimental) y (e) hubieran sido publicados entre el 1 de enero de 2020 y el 10 de marzo de 2025. Se excluyeron revisiones sistemáticas, metaanálisis, tesis doctorales, actas de congresos y libros.

En la fase de cribado por título y resumen, se mantuvieron todos aquellos registros que pudieran potencialmente abordar la relación entre calidad del sueño y rendimiento académico en estudiantes universitarios; únicamente se excluyeron de forma directa los estudios cuyo título mostraba claramente que no cumplían los criterios (población no universitaria, ausencia de variables de sueño o rendimiento, o tipo de documento no elegible).

Además, se requirió el acceso al texto completo del artículo para su evaluación detallada; se excluyeron los estudios de los que solo se disponía de título o resumen. Se consideraron elegibles estudios cuantitativos (transversales, longitudinales, cuasiexperimentales o experimentales) que analizaran la relación entre calidad del sueño y rendimiento académico. Los estudios cualitativos o de métodos mixtos se consideraron únicamente cuando incluían medidas cuantitativas claramente definidas de calidad del sueño y rendimiento académico. La evaluación de la calidad metodológica mediante la lista de Downs y Black se utilizó como criterio para interpretar los hallazgos (distinguiendo estudios de mayor y menor calidad), pero no supuso, salvo en casos de calidad extremadamente baja, un criterio de exclusión adicional.

Proceso de selección de estudios

La selección de estudios siguió las directrices PRISMA 2020 (Page et al., 2021) y se desarrolló en cuatro fases: 1) Eliminación de duplicados por parte de un investigador único; 2) Cribado por título y resumen realizado por dos investigadores de forma independiente; y 3) evaluación a texto completo por dos investigadores de forma independiente de acuerdo con los criterios de inclusión y exclusión. Los dos autores discutieron cualquier discrepancia en el proceso y, en caso de que no alcanzasen un acuerdo en la inclusión o exclusión del estudio, se procedió a consultar a un tercer autor. En la fase de elegibilidad se excluyeron, además, los registros sin acceso a texto completo, lo que impidió verificar el cumplimiento de los criterios de inclusión de forma adecuada, y aquellos estudios en los que, tras la lectura detallada, se confirmó que no incorporaban una medida válida de calidad del sueño o de rendimiento académico.

No se realizó búsqueda adicional de estudios mediante otras vías (búsqueda manual en referencias, registros de ensayos clínicos o literatura gris), por lo que el número de registros identificados por estas fuentes fue 0.

El proceso completo se presenta en la figura 1 mediante el diagrama de flujo de identificación y selección de estudios en PubMed, Scopus y Web of Science. En todas las fases se comprobó la concordancia entre el objetivo de cada estudio y el objetivo de la revisión.

Extracción de datos

La extracción de datos se realizó conforme a PRISMA 2020 (Page et al., 2021) mediante una plantilla estandarizada (tabla 1). Se recogieron el diseño del estudio, los instrumentos de medida, las características de la muestra (tamaño, edad y sexo) y los resultados principales. Se registraron las unidades y escalas originales de las variables, así como la presencia de datos faltantes.

Evaluación de la calidad metodológica / riesgo de sesgo


La calidad metodológica de los estudios se evaluó mediante la lista de verificación de Downs y Black (1998), seleccionada por su adecuación a diferentes diseños de investigación, de acuerdo con las recomendaciones PRISMA 2020 (Page et al., 2021), y por ofrecer una puntuación global y un perfil por subescalas, lo que resulta especialmente útil en revisiones con alta heterogeneidad de diseños. Dos investigadores realizaron la evaluación de forma independiente utilizando una plantilla estandarizada. En caso de discrepancia en la puntuación de algún ítem, se discutió hasta alcanzar consenso y, cuando no fue posible, se consultó a un tercer investigador. La lista de Downs y Black proporciona una puntuación máxima de 32 puntos, que se interpretó en esta revisión utilizando rangos orientativos de calidad global (=15 puntos: calidad baja; 16 23 puntos: calidad moderada; =24 puntos: calidad alta). Estos rangos no se emplearon como criterio de exclusión de estudios, sino como marco para la interpretación de los resultados, diferenciando la contribución de los estudios de mayor y menor calidad metodológica.

La evaluación de la calidad metodológica mediante la lista de Downs y Black se utilizó como herramienta para describir y contextualizar la solidez de la evidencia, distinguiendo estudios de calidad baja, moderada y alta. No se estableció un umbral de exclusión basado únicamente en la puntuación obtenida, de modo que los estudios con calidad baja no fueron descartados automáticamente, sino interpretados con mayor cautela en la síntesis de resultados.

Síntesis y análisis de datos

Dada la heterogeneidad de los diseños, poblaciones, instrumentos de medida y resultados, se optó por una síntesis narrativa siguiendo recomendaciones metodológicas para revisiones sistemáticas sin metaanálisis cuantitativo. En primer lugar, se realizó un análisis descriptivo de las características de los estudios (diseño, muestra, instrumentos y contexto). A continuación, los hallazgos se agruparon de forma iterativa en categorías de asociación entre calidad del sueño y rendimiento académico: (a) asociación negativa entre peor calidad del sueño y peor rendimiento académico, (b) ausencia de asociación significativa y (c) resultados mixtos o contraintuitivos. Dentro de cada grupo se consideraron “similares” aquellos estudios que compartían tipo de indicador de rendimiento académico (p. ej., GPA vs. rendimiento percibido), instrumento de medida del sueño y valores comparables de calidad metodológica según Downs y Black. El enfoque analítico fue fundamentalmente descriptivo integrativo, destacando patrones consistentes, discrepancias y posibles explicaciones conceptuales o metodológicas de la heterogeneidad observada.

Resultados


Selección de estudios

La búsqueda identificó 361 registros en PubMed (n = 69), Scopus (n = 139) y Web of Science (n = 153). Tras la eliminación de duplicados (n = 127) y de documentos no elegibles por el tipo de publicación (2 revisiones sistemáticas y 3 actas de congresos), se cribaron 234 registros por título y resumen. En esta fase se excluyeron 176 artículos por falta de pertinencia temática con el objetivo de la revisión (por ejemplo, estudios sin población universitaria, centrados en trastornos del sueño sin medida de rendimiento académico o en contextos clínicos ajenos al ámbito universitario). De los 58 resúmenes restantes, se eliminaron 11 estudios adicionales por no analizar de forma específica la relación entre la calidad del sueño y el rendimiento académico o por no incluir al menos una medida claramente definida de alguna de estas variables. Posteriormente, se evaluaron 47 artículos a texto completo, de los cuales se excluyeron 5: uno por falta de pertinencia con el objetivo de la revisión (Rathakrishnan et al., 2021) y cuatro por no incluir una medida adecuada de calidad del sueño o de rendimiento académico (Ajeebi et al., 2024; Thabit & Alsulami, 2023; Valladares-Garrido et al., 2025; Zhang et al., 2024). Finalmente, se incluyeron 37 estudios en la síntesis cualitativa. El proceso completo de identificación, cribado, elegibilidad e inclusión se presenta en el diagrama de flujo PRISMA 2020 (Figura 1).

No se identificaron estudios adicionales mediante otras fuentes (búsqueda manual, registros de ensayos o literatura gris).

Características de los estudios

Las características de los 37 estudios se detallan en la tabla 1 (autoría, diseño, instrumentos, muestra, resultados y calidad metodológica) siguiendo a Downs y Black (1998). Predominaron los diseños transversales (n = 27), mayoritariamente correlacionales (p. ej., Depreli et al., 2024; Driller et al., 2021) y, en menor medida, descriptivos (p. ej., Javaid et al., 2020; Suardiaz-Muro et al., 2023). Se incluyeron además 5 estudios longitudinales, 2 experimentales y algunos diseños combinados (p. ej., Alhamed, 2023). En conjunto, estas características reflejan una evidencia amplia pero metodológicamente heterogénea. Los diseños transversales, que constituyen la mayoría, permiten identificar asociaciones entre calidad del sueño y rendimiento académico, pero limitan la inferencia causal y pueden verse influidos por factores no controlados. Por el contrario, los pocos estudios longitudinales y experimentales tienden a aportar evidencia más consistente sobre la dirección temporal de las asociaciones, aunque con tamaños muestrales más reducidos. La gran variabilidad en los instrumentos de medida del sueño (más de 15 herramientas diferentes, con predominio del PSQI) y en los indicadores de rendimiento académico (GPA, percentiles, autoinformes) dificulta la comparabilidad directa entre estudios y contribuye a la heterogeneidad observada en los resultados. Además, los estudios se desarrollan en contextos culturales diversos (América, Europa, Asia y Oriente Medio), con diferencias en los sistemas de evaluación académica, las exigencias curriculares y los estilos de vida estudiantil, que pueden modular tanto los hábitos de sueño como el rendimiento académico. La mayoría de las muestras se obtuvieron mediante muestreo por conveniencia en una o pocas facultades, lo que limita la representatividad y puede introducir sesgos relacionados con el área de estudio y el nivel de exigencia académica. Estas características deben tenerse en cuenta al interpretar la magnitud y consistencia de las asociaciones entre calidad del sueño y rendimiento académico.

Se observó alta heterogeneidad en los instrumentos utilizados. Para averiguar la calidad del sueño se emplearon más de 15 medidas diferentes, siendo el PSQI (Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh) el más utilizado (p. ej., Abu-Snieneh et al., 2020; Driller et al., 2021; Souza et al., 2024; Suardiaz-Muro et al., 2023), además de ESS (Escala de Somnolencia de Epworth), CSA (Escala de Calidad del Sueño Autoinformada) e ISI (Índice de Severidad de Insomnia). El rendimiento académico se evaluó con más de 10 indicadores, principalmente GPA, junto con ACT (Test Universitario Americano), rango percentil y medidas autoinformadas de rendimiento y satisfacción (p. ej., Betancourt-Núñez et al., 2024; Desjardins & Grandbois, 2022; Esht et al., 2023; Mao et al., 2022; Suardiaz-Muro et al., 2023).

El total agregado fue de 19.440 estudiantes, con tamaños muestrales entre 45 (Ho et al., 2022) y 3017 (Loke et al., 2023), predominando muestras de 100-199 participantes. La mayoría de los estudios reportó predominio femenino, con porcentajes entre 27,3% (Bustamante-Ara et al., 2022) y el 100% (AlRasheed, 2024; Esht et al., 2023), y 32 estudios con más del 50% de mujeres (Berdida, 2024; Betancourt-Núñez et al., 2024; Desjardins & Grandbois, 2022; Ho et al., 2022). La edad media se situó generalmente entre los 19 y 23 años (Abu-Snieneh et al., 2020; Alhamed, 2023; Ceylan & Demirdel, 2023), con rangos que en algunos casos alcanzaron los 17-40 años (Umfürer & Arán-Filippetti, 2023), aunque varios estudios no informaron este dato (Betancourt-Núñez et al., 2024; Bono & Hill, 2021; Driller et al., 2021; Loke et al., 2023).

Síntesis de resultados

Para la síntesis narrativa, los estudios se agruparon en tres patrones de asociación entre calidad del sueño y rendimiento académico: (a) asociación negativa, cuando una peor calidad del sueño (mayor puntuación en PSQI u otros indicadores de problemas de sueño) se relacionaba con peores resultados académicos (menor GPA, menor probabilidad de GPA alto o peor rendimiento percibido); (b) ausencia de asociación significativa, cuando no se observaban relaciones estadísticamente significativas entre las medidas de sueño y los indicadores de rendimiento; y (c) resultados mixtos o contraintuitivos, cuando las asociaciones dependían de dimensiones específicas del sueño, tipos concretos de indicadores académicos o mostraban patrones inesperados (p. ej., peor sueño asociado a mejor GPA en determinados subgrupos). La asignación de cada estudio a un patrón se realizó de forma independiente por dos revisores, atendiendo a los resultados principales reportados y, en caso de ambigüedad, se discutió hasta alcanzar consenso.

La síntesis narrativa agrupó los 37 estudios en tres patrones: asociación negativa, ausencia de asociación significativa y hallazgos mixtos o específicos.

De los 37 estudios incluidos, 17 identificaron una asociación negativa entre peor calidad del sueño y peor rendimiento académico. En doce de ellos, una peor calidad del sueño (medida principalmente mediante PSQI) se relacionó con un menor GPA o CGPA o con una menor probabilidad de alcanzar calificaciones altas (Abu-Snieneh et al., 2020; Alqudah et al., 2022; AlRasheed, 2024; Bono & Hill, 2021; Carrión-Pantoja et al., 2022; Gloger & Suhr, 2020; Loke et al., 2023; Mao et al., 2022; Ng et al., 2022; Shehata et al., 2022; Souza et al., 2024; Toscano-Hermoso et al., 2020). Algunos de estos trabajos cuantificaron la magnitud de la asociación, informando, por ejemplo, que cada incremento en la puntuación de mala calidad del sueño se relacionaba con una disminución significativa en el GPA o con una menor probabilidad de situarse en los rangos de calificación más altos. Otros estudios observaron asociaciones con el rendimiento académico percibido (Belingheri et al., 2022; Gloger & Suhr, 2020; Suardiaz-Muro et al., 2023), con indicadores de funcionamiento cognitivo (Umfhrer & Filippetti, 2023) o con conductas relacionadas con el estudio, como menor tiempo de estudio o mayor somnolencia diurna (Ho et al., 2022; Patten et al., 2020). En conjunto, estos resultados sugieren que, cuando se utilizan instrumentos validados de calidad del sueño y medidas objetivas o estables de rendimiento académico, la asociación entre peor sueño y peor rendimiento tiende a ser consistente, aunque de magnitud moderada.

En relación con una sin asociación significativa (n = 7): no se halló una relación directa entre calidad del sueño y rendimiento académico (Alhamed, 2023; Berdida, 2024; Ceylan & Demirdel, 2023; Depreli et al., 2024; Masnan et al., 2025; Tan & Greenwood, 2021; Yaghmour et al., 2023).

Y con respecto a hallazgos mixtos o específicos (n = 13): se identificaron resultados complejos como asociaciones contraintuitivas entre un peor sueño y una mayor GPA (Almarzouki et al., 2022; Bustamante-Ara et al., 2022; Ong et al., 2023), relaciones limitadas a dimensiones concretas del sueño como disfunción diurna, eficiencia o duración (Armand et al., 2021; Desjardins & Grandbois, 2022; Driller et al., 2021), asociaciones con rendimiento percibido y conductas académicas (Esht et al., 2023; Gilstrap et al., 2022; Javaid et al., 2020; Luqman et al., 2020; Walther et al., 2024), y asociaciones positivas puntuales entre una hora de despertar más tardía y un mayor GPA (Sofyana et al., 2022).

Cabe destacar que varios de los estudios con resultados mixtos o contraintuitivos proceden de contextos culturales concretos (p. ej., Oriente Medio y Asia), con sistemas de evaluación, cargas académicas y patrones de sueño potencialmente diferentes de los contextos europeos o norteamericanos. Aunque el número de estudios por región es insuficiente para establecer conclusiones firmes, estos patrones sugieren que factores culturales y organizativos podrían contribuir a la heterogeneidad observada en las asociaciones entre calidad del sueño y rendimiento académico.

En conjunto, predomina la asociación negativa, aunque una proporción relevante de estudios muestra resultados nulos o relaciones no lineales.

Calidad metodológica y riesgo de sesgo

La evaluación mediante Downs y Black mostró puntuaciones entre 10 y 27 puntos, con una media de 16,32. La mayoría de los estudios se situó en un rango de calidad moderada baja (12 20 puntos), mientras que solo dos trabajos alcanzaron valores claramente altos (=24 puntos). Aunque casi la mitad de los estudios quedó por debajo de la media, los estudios que apoyan la asociación negativa entre peor calidad del sueño y peor rendimiento académico no se concentran únicamente en el grupo de menor calidad, sino que incluyen también algunos de los trabajos con puntuaciones más elevadas (por ejemplo, Loke et al., 2023; Shehata et al., 2022). En consecuencia, la lista de Downs y Black se utilizó para matizar la interpretación de los hallazgos, otorgando mayor peso interpretativo a los estudios de mejor calidad y señalando las limitaciones de aquellos con puntuaciones más bajas, pero sin excluirlos sistemáticamente de la síntesis narrativa.

TABLA 1

Discusión


Los resultados de esta revisión sistemática mostraron una tendencia predominante a que una peor calidad del sueño se asocie con un menor rendimiento académico en estudiantes universitarios. De los treinta y siete estudios incluidos, diecisiete identificaron esta relación, además de vínculos con funciones cognitivas relevantes para el aprendizaje (Umfürer y Filippetti, 2023), como la memoria, la atención y la concentración, y con hábitos de estudio (Patten et al., 2020). En conjunto, estos hallazgos respaldan que una peor calidad del sueño se relaciona con peores resultados académicos y con limitaciones en procesos cognitivos implicados en el aprendizaje.

No obstante, la evidencia no fue uniforme. Siete estudios no encontraron asociación significativa directa y trece presentaron resultados mixtos o complejos. Algunos trabajos observaron asociaciones contraintuitivas, como un GPA más alto vinculado a mayor latencia de sueño o a más trastornos del sueño (Almarzouki et al., 2022), o relaciones dependientes de dimensiones específicas como la disfunción diurna (Armand et al., 2021) o la hora de acostarse (Driller et al., 2021). Otros estudios no hallaron relación con el GPA, pero sí con el funcionamiento académico (Esht et al., 2023), el compromiso (Luqman et al., 2020) o el rendimiento percibido (Walther et al., 2024). Estos resultados sugieren que la relación entre sueño y rendimiento académico es multifactorial y no lineal, y que la evidencia disponible aún no permite establecer inferencias causales sólidas.

La heterogeneidad de los hallazgos debe interpretarse, además, junto con la calidad metodológica de los estudios. Aunque algunos trabajos de mayor calidad metodológica, como los de Loke et al. (2023) y Shehata et al. (2022), apoyaron la asociación entre peor calidad del sueño y peor rendimiento académico, la variabilidad observada indica que los resultados no dependen únicamente de la calidad metodológica, sino también de diferencias en las muestras, los instrumentos y las estrategias analíticas.

El hecho de que una proporción relevante de los estudios incluidos presente una calidad metodológica moderada baja obliga a interpretar con cautela la magnitud de las asociaciones observadas. No obstante, la presencia de resultados coherentes en estudios con mejor calidad respalda que la asociación entre peor calidad del sueño y peor rendimiento académico no es únicamente un artefacto de estudios de baja calidad, sino un patrón que se mantiene, aunque con efectos moderados, cuando se consideran investigaciones más sólidas.

En comparación con la evidencia previa a 2020, los resultados mostraron una alineación parcial con la tendencia histórica que relacionaba peor sueño con peor rendimiento académico, al tiempo que confirmaron la persistencia de discrepancias ya señaladas por Suardiaz-Muro et al. (2020). Esto refuerza la idea de que se trata de una relación compleja que requiere mayor precisión conceptual y metodológica (Suardiaz-Muro et al., 2020; Page et al., 2021). En ese sentido, la novedad de esta revisión no reside en cuestionar la asociación general, sino en mostrar que sigue existiendo heterogeneidad por dimensiones del sueño, por medidas de rendimiento y por características contextuales de los estudiantes (Enright, & Refinetti, 2017; Suardiaz-Muro et al., 2020).

Las principales limitaciones de la evidencia analizada derivan de los estudios primarios: predominio de diseños transversales, que impiden establecer causalidad; uso frecuente de medidas autorreportadas de sueño y rendimiento, susceptibles de sesgo (Driller et al., 2021; Suardiaz-Muro et al., 2023; Tan & Greenwood, 2021); alta heterogeneidad de los instrumentos utilizados; escasa consideración de mediadores y moderadores como el bienestar psicológico y el cronotipo; y un enfoque restringido del rendimiento académico, centrado principalmente en el GPA (Page et al., 2021; von Elm et al., 2007). Entre las fortalezas destacan la aplicación rigurosa de criterios PRISMA, la transparencia del proceso de selección y evaluación, el tamaño muestral agregado y la diversidad geográfica de los estudios (Page et al., 2021). Además, esta revisión no solo compila resultados, sino que también identifica patrones, inconsistencias y vacíos relevantes en la literatura.

Los hallazgos de esta revisión respaldan la inclusión de programas universitarios de promoción de hábitos de sueño saludables y de educación en higiene del sueño, especialmente en relación con la mejora de la calidad del sueño, la reducción de la somnolencia y el fomento de una mayor regularidad en los horarios de descanso, aspectos que en la literatura se han vinculado con un mejor rendimiento académico. En este sentido, las recomendaciones prácticas se derivan directamente de los resultados analizados y no de variables organizativas no evaluadas en los estudios incluidos, como la carga de trabajo, el tipo de titulación o la estructura curricular. Esta evidencia puede apoyar intervenciones institucionales y decisiones organizativas, pero únicamente en términos generales y como líneas de actuación futuras, así como favorecer la concienciación del alumnado sobre el impacto del descanso en su desempeño.

De cara a futuras investigaciones, se recomienda priorizar diseños longitudinales, incorporar medidas objetivas de sueño, analizar mediadores y moderadores como el bienestar psicológico y el cronotipo, y ampliar los indicadores de rendimiento más allá del GPA. Futuros estudios deberían informar con mayor detalle el semestre, el área de estudio o la titulación de los participantes, ya que estas variables podrían ayudar a identificar subgrupos con necesidades de intervención diferenciadas. En conjunto, esta revisión sistemática sintetiza la evidencia publicada entre 2020 y 2025 sobre la relación entre calidad del sueño y rendimiento académico en estudiantes universitarios, mostrando una tendencia general hacia la asociación entre peor calidad del sueño y menor rendimiento académico, aunque con una heterogeneidad importante en los resultados.

Declaración de divulgación del autor


No existen intereses en conflicto

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