Situation of clinical psychology in the Spanish National Health System and grow perspectives

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Original

Situación de la psicología clínica en el Sistema Nacional de Salud (SNS) y perspectivas de crecimiento

Xacobe Fernández-García

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica. Servizo Galego de Saúde (SERGAS)

INFORMACIÓN DEL ARTÍCULO


Recibido el 12 de junio de 2020
Aceptado el 5 de octubre de 2020
Online el 9 de junio de 2021

RESUMEN


Introducción: La especialidad en psicología clínica es hija tanto de la reforma sanitaria como del proceso de desinstitucionalización psiquiátrica. Desde la transición, dicha especialidad ha ido progresivamente creciendo y asentándose. El propósito de este artículo es realizar un análisis de la situación actual de la psicología clínica en el Sistema Nacional de Salud (SNS). Método: Se ha realizado una revisión de aquellos documentos que proporcionan datos sobre recursos humanos en el SNS. Se han descrito y presentado los resultados y calculado ratios y tendencias. Resultados: Se calcula la presencia de 2.615 profesionales de la psicología clínica (5,58 prof/100.000hab). La trayectoria de la formación Psicóloga/a Interna/o Residente (PIR) se presenta de forma ascendente y con un asentamiento similar al resto de las especialidades sanitarias. Conclusiones: El PIR genera un crecimiento estructural en el SNS. Es necesario aumentar la ratio a un mínimo de 12 prof/100.000hab. La psicología clínica es una especialidad madura que puede proponer y dar nuevos pasos en su consolidación.

PALABRAS CLAVE


Salud Mental
Psicóloga/a Interna/o Residente
Especialidad en Psicología Clínica
Sistema Nacional de Salud
Recursos Humanos

Situation of clinical psychology in the Spanish National Health System and grow perspectives

ABSTRACT


Introduction: The speciality in clinical psychology is the result of both health reform and the process of psychiatric deinstitutionalization. Since the democratic transition, the speciality has been progressively growing and settling. The purpose of this article is to carry out an analysis of the current situation of clinical psychology in the Spanish National Health Service (SNHS). Method: A review of several documents providing data on human resources in the SNHS was carried out. The results have been described and ratios and trends have been estimated. Results: A presence of 2,615 clinical psychology professionals (5.58 prof / 100,000 inhab) is estimated. Resident Intern Psychologist’s (PIR) trajectory is presented in an ascending way and with a settlement similar to the rest of health specialties. Conclusions: PIR’s training generates structural growth in the SNS. It is necessary to increase the ratio to a minimum of 12 prof / 100,000 inhab. Clinical psychology is a mature speciality that can propose and take new steps in its consolidation.

KEYWORDS


Management
PIR
Specialty in Clinical Psychology
Sapanish National Health System
Human Resources


INTRODUCCIÓN


El nacimiento de la psicología clínica como especialidad está marcada por su tiempo. Con la psicología establecida como carrera universitaria en la década de los 70 (Freixa, 2005), la sociedad española enfrentaba el fin de la dictadura franquista con la apertura a nuevas influencias, conocimientos y literatura científica. En este caldo de cultivo pasamos de una situación de ausencia de libertades a una concepción de las personas como ciudadanía activa y con derechos, eso incluía a aquellas personas excluidas del sistema aisladas en frenopáticos y manicomios cuya integración en la sociedad se convirtió en un deber moral. De este modo se producen dos reformas esenciales para la creación de la especialidad en psicología clínica: la reforma sanitaria y el proceso de desinstitucionalización psiquiátrica (Olabarría, 1999; Belloch, 2005; Olabarría y García, 2011).

El Sistema Nacional de Salud (SNS) es creó por la Ley 14/1986,de 25 de abril, General de Sanidad. Esta ley marca un antes y un después ya que plantea la salud como un derecho para toda la población y no como el privilegio de quien tiene una nómina (Olabarría y García, 2011). También incluye a la salud mental en su seno, en consonancia con la reforma psiquiátrica (Lluch, 1985) proceso imbuido por un indudable espíritu comunitario.

La especialidad en psicología clínica es hija de estos movimientos y de esta época. Los valores de la reforma creaban nuevos escenarios y hacían necesaria la contribución de un punto de vista psicológico, al mismo tiempo que la reforma psiquiátrica abría la puerta a la especialización ya que sus defensores eran los mismos que habían defendido la implantación de Médica/o Interna/o Residente o MIR(García, 1998; Olabarría y García, 2011). Prueba de ello es la aparición de una pionera formación Psicóloga/o Interna/o Residente (PIR) autonómica en Asturias en el 1983, seguido por otras comunidades autónomas donde se fue implantando progresivamente (Olabarría, 1999). Habría que esperar hasta 1993 a la primera convocatoria PIR estatal y a 1998 para la creación del título de “Psicólogo Especialistas en Psicología Clínica”. Para sus promotores, el PIR nace con el mismo afán rupturista con el que nace el MIR, que ve en el entorno universitario un medio limitado para adquirir las habilidades y capacidades necesarias para la práctica de una especialidad sanitaria y el desarrollo de la misma, privilegiando al SNS como entorno formativo para dicho fin (Belloch, 2005; Olabarría y García, 2011).

Tanto PIR como MIR, entre otras formaciones vía residencia, pertenecen a la llamada formación especializada en Ciencias de la Saludo Formación Sanitaria Especializada (FSE). La Ley 44/2003, de 12 de noviembre, de Ordenación de Profesionales Sanitarios explica que:

La formación especializada en Ciencias de la Salud tiene como objeto dotar a los profesionales de los conocimientos, técnicas, habilidades y actitudes propios de la correspondiente especialidad, de forma simultánea a la progresiva asunción por el interesado de la responsabilidad inherente al ejercicio autónomo de la misma. (art15.2).

A diferencia de otras formaciones que tienen como función transformar a estudiantes en profesionales, la FSE contrata a un profesional completo con sus estudios universitarios finalizados. La FSE es una experiencia laboral programada y supervisada que garantiza los derechos de las y los profesionales como personas trabajadoras, al tiempo que siguen unas estancias o periodos formativos en diferentes unidades (rotaciones) que permiten obtener una visión global del SNS, del trabajo multidisciplinar y un conocimiento en profundidad del campo profesional. En el caso de la especialidad en psicología clínica, esta programación viene reflejada en la Orden SAS/1620/2009, de 2 de junio. También se garantiza la seguridad delas personas pacientes, ya que es un/a supervisor/a quien asume la responsabilidad de los primeros pasos del/la incipiente especialista.

Palacios (2004) vincula claramente la formación PIR con la presencia y crecimiento de la psicología clínica en el SNS a pesar de que la presencia de la misma era exigua y con poca penetración en aquel momento. Palacios invitaba a tener en cuenta la residencia como medio formativo vinculado al SNS “no solo por la formación recibida sino por las implicaciones profesionales que tendrá para el futuro de la Psicología Clínica” (Palacios, 2004, p. 3408). De este modo, se entiende que el PIR no es solamente un periodo formativo, sino que promueve la presencia y utilidad de la psicología clínica en el SNS desde dentro.

La petición de más plazas PIR ha sido vehiculizada por asociaciones profesionales como la Asociación Nacional de Psicólogas/os Clínicas/os y Residentes (ANPIR), la Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología (AEPCP), la Asociación Galega de Psicólogas/os Internas/os Residentes (AGAPIR), la Mesa Galega por la Psicoloxía Clínica, etc., por instituciones como el propio Colegio Oficial de Psicología(COP), por el estudiantado a través del Colectivo de Estudiantes de Psicología (CEP-PIE, Redacción Médica, 2017) o por las propias personas que aprobaron el PIR (Redacción Médica, 2019). La iniciativa más destacada ha sido la de la Plataforma por una Atención Psicológica Pública e Integrada (Plataforma APPI, 2015) que realizó una campaña de incidencia política sistemática logrando un posicionamiento favorable al aumento de plazas PIR en la mayoría de las comunidades autónomas.

El propósito de este artículo es realizar un análisis de la situación actual de la psicología clínica en el SNS y el análisis del sistema PIR como estrategia de crecimiento. Para ello, en primer lugar, caracterizaremos y cuantificaremos la presencia actual de profesionales de la psicología clínica en el SNS. En segundo lugar, compararemos la evolución del sistema PIR con otras especialidades en ciencias de la salud para, finalmente, estimar el crecimiento necesario de la psicología clínica en el SNS.

Método


Se ha realizado una revisión de documentos oficiales entre los que se encuentran los planes estratégicos en salud mental de las comunidades autónomas, atlas de salud mental autonómicos y mundiales, información proporcionada por el defensor del pueblo, así como estimaciones e informes realizados por asociaciones profesionales (tabla 1). Estos documentos se encuentran en abierto en los portales de internet de los gobiernos de las diferentes comunidades autónomas, así como enlazados en portales de noticias como Infocop o Redacción Médica. Se han revisado también los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del portal estadístico del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

También se han recopilado los datos relativos al número de plazas de las diferentes convocatorias de Formación Sanitaria Especializada (FSE) de nivel licenciatura desde 1994 hasta 2019, consultadas en las respectivas órdenes ministeriales por las que se realiza la convocatoria de plazas.

En lo referente al análisis de datos, se utiliza metodología descriptiva y cálculo de ratios en diferentes condiciones. Para la comparación de las especialidades en ciencias de la salud se han realizado regresiones lineales de las que hemos extraído la pendiente de cara a realizar comparaciones interpretables. Se ha utilizado el programa informático R (R Core Team, 2020) para los análisis de datos con los paquetes ‘ggplot2’ (Wickham, 2016) y ‘sp’ (Bivand, Pebesma y Gomez-Rubio, 2013) en el apartado gráfico.

Tabla - 1

Tabla - 1

Tabla - 1(II)

Tabla - 1(III)

Resultados


a) Cantidad de profesionales de la psicología clínica en el SNS

Tabla - 2

Tabla - 2

A nivel estatal, podemos situar el punto de partida en los 10 profesionales de la psicología que se calculaban en 1975 (Olabarría, 1999) y en la convocatoria de 79 de plazas de psicólogos como facultativos de plantilla que se convocó en el BOE del 26 de marzo de 1976. Laviana-Cuetos (1998) expuso como evolucionó el número de profesionales de 300 en 1982, 949 en 1991, hasta 1039 en el año 1994. Un intento de sistematización de los datos de recursos humanos en salud mental fue realizado por la Asociación Española de Neuropsiquiatría (Observatorio AEN, 2014) ofreciendo datos de 1890 especialistas en 2007 y 2120 en 2010.

Con respecto a los datos por comunidades autónomas, la tabla 1 hace una exposición de todos los datos hallados hasta el momento así como las fuentes de las que proceden. En la tabla 2 y en la figura 1 se realiza un resumen por comunidad autónoma junto con el dato que presenta mayor verosimilitud, es decir, el dato más reciente que proviene de la fuente más oficial y más global disponible. Tenemos constancia de noticias relativamente recientes como la contratación de profesionales de la psicología clínica en Atención Primaria en la Comunidad de Madrid (iSanidad, 2018; Infocop, 2020) o el aumento de inversión en salud mental en Cataluña (Público, 2016; Infocop, 2018), pero debemos esperar a que estas contrataciones sean cuantificadas y oficialmente difundidas para incorporarlas definitivamente a estas estadísticas.

Figura - 1

Figura - 1

De los datos se deduce que el SNS contaría con alrededor de unos 2.615 profesionales y una ratio de 5,58 por cada 100.000 habitantes. Las comunidades mejor dotadas son Navarra, Cataluña y Extremadura mientras que entre las peor dotadas estarían Andalucía, Galicia, Ceuta y Melilla, así como Asturias.

b) Comparación del sistema PIR con otras especialidades en ciencias de la salud de nivel licenciado

Las convocatorias de las plazas de formación sanitaria especializada responden a las previsiones de reposición y crecimiento que realiza por la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud tras valorar las propuestas realizadas por las diversas Comunidades Autónomas.

Tabla - 3

Tabla - 3

La primera convocatoria PIR se produjo en 1993, en 1994 ésta fue conjunta con el resto de especialidades de nivel licenciatura, por lo que la especialidad en psicología clínica tuvo que competir por los recursos en el contexto de especialidades que se habían creado en 1955 y que llevaban con el sistema de residencia desde el Real Decreto 2015/1978, de 15 de julio, por el que se regula la obtención de títulos de especialidades médicas. También compite con disciplinas que tienen especialidades más antiguas que la nuestra como es farmacia, biología o química. En la figura 2 podemos ver la evolución de las diferentes convocatorias de formación sanitaria especializada por especialidad de todas las disciplinas de nivel licenciado (médicas y no médicas).

Como vemos gráficamente, la psicología clínica se ha asentado como una especialidad normalizada con un crecimiento estable y sostenido donde se puede observar cómo el sistema PIR ha ido mejorando posiciones relativas con el resto. Podemos ver la comparación con otras especialidades en la tabla 3.

La figura 3 muestra la comparación entre el crecimiento en el SNS y el número de profesionales formados a través de la vía PIR. Puede observarse como el crecimiento en cantidad de profesionales formados vía PIR es más acelerado que en el SNS, permitiendo tanto el relevo como el crecimiento, e incluso un posible remanente de profesionales.

c) Estimación del crecimiento necesario

Si tomamos al Atlas de Salud Mental de la OMS de 2017 (OMS, 2018) nos encontramos con una ratio 4,6 prof/100.000hab europea y una ratio 9,04 prof/100.000hab de los países más desarrollados. En la comparación con otros países se debe tener en cuenta la posibilidad de que utilicen diferentes criterios a la hora de calcular sus ratios. Se expone en la figura 4 las ratios de los países con mayores ingresos mundiales que han dado datos para el Atlas y las posibles respuestas que podría dar el Estado Español sobre la magnitud de la psicología.

Figura - 2

Figura - 2

Evolution of the PIR places

En el Estado Español, el único acercamiento hasta el momento a una estimación de ratios necesarios fue llevado a cabo por la AEN, en su cuarto cuaderno técnico “Hacia una atención comunitaria de Salud Mental de calidad” (Bravo Ortiz, 2000), en el que estimaban un ratio mínimo de 8 prof/100.000hab y uno óptimo de 11, para el tratamiento adecuado del trastorno mental grave por parte de psicología clínica. Aquellas estimaciones calculaban sistemáticamente una mayor ratio necesario de psiquiatras sin explicar los criterios técnicos que llevaron a dicha decisión.

Para estimar una ratio mínima debemos tener en cuenta las necesidades de la población. La Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE 2018), que realizó 29.195 entrevistas sobre la salud general, arroja datos contundentes sobre las necesidades en salud mental de la población. Un 10,76 % de la población española refiere haber sido diagnosticada de depresión, ansiedad crónica, u otros trastornos mentales. Un 5,34 % de la población informó haber acudido a consultas de psiquiatra, psicólogo o psicoterapeuta en los últimos 12 meses. Se eleva a un 3,79% la discapacidad percibida por problemas de salud mental. Un 18% de la población adulta y un 13,2% de la población infantil está en riesgo de padecer problemas de salud mental. El 10,7% de la población de consume tranquilizantes, relajantes o pastillas para dormir y el 5,6% toma antidepresivos o estimulantes. Estos datos, alarmantes en sí mismos, vienen aderezados con una importante brecha de género y con una preocupante estratificación social en la que las personas con menos recursos se enfrentan a problemas más severos e incapacitantes.

El tratamiento de estos problemas suele realizarse desde atención primaria. Las condiciones en las que se abordan los problemas psicológicos y la ausencia de profesionales de la psicología clínica en dichos dispositivos provoca que el tratamiento sea habitualmente medicamentoso a pesar de ser un contexto idóneo para el abordaje psicológico (González-Blanch et al., 2018). Se ha comprobado de forma fehaciente la posibilidad de implementar programas como el PsicAP que combinan eficiencia y coste-utilidad (Cano-Vindel et al., 2016; Ruiz-Rodríguez et al., 2018).

Figura - 3

Figura - 3

Ante esta situación, es preciso plantear los recursos mínimos necesarios que podrán y deberán ser matizados a través de más investigaciones y análisis de necesidades. Es preciso estimar un profesional de la psicología clínica para cada 17.000 personas (aprox 6 prof/100.000hab) en atención ambulatoria (centros de salud mental, unidades de salud mental, centros de atención primaria); prever la dotación en interconsulta y enlace (programas pre-trasplante, lesionados medulares, grandes quemados, psicosomática, psicooncología, apoyo a UCI, urgencias); dispositivos de hospitalización y rehabilitación psicosocial en salud mental (Unidades de agudos, unidades de media y larga estancia, primeros episodios psicóticos, centros de rehabilitación comunitaria); unidades específicas (conductas adictivas, trastornos alimentarios, consumos de sustancias, prevención del suicidio); un ámbito que está ganando su espacio por la utilidad que demuestra es la neuropsicología (min 1 prof/100.000hab); y se debe garantizar la debida atención a la población infanto-juvenil con un mínimo de un profesional cada 6.000 menores (aprox 3 prof/100.000hab). El resultado es una ratio mínima que no debería estar situada en ningún caso por debajo de 12 prof/100.000hab.

Discusión


Las fuentes de datos que existen son dispersas y poco homogéneas, aunque son convergentes y nos da una idea posiblemente realista de las magnitudes en las que nos movemos. Los datos indican un crecimiento global tanto de los y las profesionales de psicología clínica en el SNS como de las plazas PIR. Este crecimiento se presenta de forma muy desigual entre comunidades autónomas, algunas han duplicado sus profesionales en los últimos años mientras que otras han permanecido prácticamente en la misma ratio desde hace quince años. Ninguna comunidad autónoma alcanza la ratio mínima propuesta.

Cada plaza PIR tienen la propiedad de ser una plaza estructural, es decir, que genera anualmente un profesional específicamente formado en el SNS, y esta creación tiene más posibilidades de mantenerse que de desaparecer. Esto permite un crecimiento estable y perdurable en el sistema, resistente a modas y situaciones coyunturales.

Esta visión del PIR como una formación madura, asentada y en pie de igualdad con el resto de especialidades sanitarias, parece contrastar con otras percepciones en las que la presencia de la psicología clínica en el SNS se presenta como irrelevante, residual o anecdótica. Esta percepción puede deberse a una cuestión de magnitudes: El SNS posee del orden de 2.615 profesionales de la psicología clínica, mientras que en el curso 2017-2018 han egresado 7.659 nuevas/os graduadas/os en psicología y 2050 Psicólogas/ os Generales Sanitarias/os. Esta producción de profesionales genera una bolsa de personas, o bien en paro, o bien en condiciones precarias que no pueden desarrollar adecuadamente su profesión (Sanchez-Reales et al., 2017). Es lógico fantasear con grandes crecimientos que solucionen la precaria situación laboral actual y se vean que los datos actuales del SNS no lleguen a la altura de dichos ideales. Una improbable e hipotética contratación masiva en el SNS, con intención de dar salida laboral a profesionales de la psicología sin la especialidad, apenas aliviaría la precariedad que vive el sector en una o dos promociones. Esta petición poco realista y con una lógica de crecimiento diferente a la del sistema sanitario en general, que solamente podría tener un carácter puntual y determinado, frenaría en seco todo el crecimiento estructural y la evolución de la psicología en el SNS que se está dando de modo sólido y planificado.

El sistema PIR se presenta, de este modo, como una formación solvente y flexible, capaz de responder con un buen margen de actuación a las necesidades del sistema. La experiencia en Cataluña es una muestra de esta flexibilidad. Aún no tenemos datos de los resultados de la inversión en recursos humanos que se ha dado en esta comunidad (Público, 2016; Infocop, 2018) en los últimos años, pero parece que ha propiciado una subida relevante en la contratación de profesionales y ha absorbido gran parte del remanente de especialistas que se encontraba en paro. El resultado no es otro que, en coherencia, el aumento sustancial de plazas PIR en dicha comunidad donde se incrementó de 22 a 41 plazas PIR (Defensor del Pueblo, 2019), y este aumento ha venido para quedarse y permanecer como una oferta estable en la FSE de Cataluña. Por lo tanto, no se trata de luchar por un crecimiento puntual, sino por un crecimiento mantenido que dé cuenta de las necesidades de la población a largo plazo. Aunque esto no significa que el SNS esté suficientemente dotado en la actualidad.

Tabla - 4

Tabla - 4

Figura - 4

Figura - 4

Parece necesario e imprescindible el crecimiento a una ratio mínima de 12 prof/100.000hab que solamente puede proponerse en el contexto de una especialidad madura, con una implantación mínima que puede permitirse nuevos retos. Prado-Abril et al. (2019) describe parte de estos retos como: profundizar el excelente marco de supervisión individualizada que permite la residencia, profundizar en la coordinación con Atención Primaria, crear nuevas especialidades en ciencias de la salud como la psicología clínica infanto-juvenil o la neuropsicología clínica, apuntalar la trayectoria ascendente en número de plazas PIR así como trabajar en la posibilidad de que los y las profesionales de la psicología clínica vayan progresivamente ocupando puestos de coordinación y gestión, incluso en el contexto de servicios propios de psicología clínica.

A modo de limitaciones de esta revisión, es necesario tener en cuenta que los datos presentados provienen de fuentes oficiales, aunque fiables, implica que solamente se puede disponer de ellos con retraso. La foto fija que ahora presentamos seguramente sea la realidad de entre tres y cinco años en el pasado. Los datos difieren en fechas y criterios a la hora de recogerse lo que también amenaza su fiabilidad.

Son necesarios más estudios que investiguen la capacidad y eficiencia de la psicología clínica a la hora de gestionar la demandas psicológicas de la ciudadanía, contextualizados en datos epidemiológicos y estudios poblacionales de necesidades. Sería importante contar con la presencia del Registro Estatal de Especialistas Sanitarios (REPS) ya previsto por la Ley 44/2003 de Ordenación de Profesiones Sanitarias y/o exigir a los diferentes sistemas sanitarios de las comunidades autónomas tener datos de recursos humanos disponibles en portales de transparencia.

Conclusiones


Las fuentes de datos que existen son dispersas y poco homogéneas, aunque son convergentes y nos da una idea posiblemente realista de las magnitudes en las que nos movemos. Los datos indican un crecimiento global tanto de los y las profesionales de psicología clínica en el SNS como de las plazas PIR. Este crecimiento se presenta de forma muy desigual entre comunidades autónomas, algunas han duplicado sus profesionales en los últimos años mientras que otras han permanecido prácticamente en la misma ratio desde hace quince años. Ninguna comunidad autónoma alcanza la ratio mínima propuesta.

Cada plaza PIR tienen la propiedad de ser una plaza estructural, es decir, que genera anualmente un profesional específicamente formado en el SNS, y esta creación tiene más posibilidades de mantenerse que de desaparecer. Esto permite un crecimiento estable y perdurable en el sistema, resistente a modas y situaciones coyunturales.

Esta visión del PIR como una formación madura, asentada y en pie de igualdad con el resto de especialidades sanitarias, parece contrastar con otras percepciones en las que la presencia de la psicología clínica en el SNS se presenta como irrelevante, residual o anecdótica. Esta percepción puede deberse a una cuestión de magnitudes: El SNS posee del orden de 2.615 profesionales de la psicología clínica, mientras que en el curso 2017-2018 han egresado 7.659 nuevas/os graduadas/os en psicología y 2050 Psicólogas/ os Generales Sanitarias/os. Esta producción de profesionales genera una bolsa de personas, o bien en paro, o bien en condiciones precarias que no pueden desarrollar adecuadamente su profesión (Sanchez-Reales et al., 2017). Es lógico fantasear con grandes crecimientos que solucionen la precaria situación laboral actual y se vean que los datos actuales del SNS no lleguen a la altura de dichos ideales. Una improbable e hipotética contratación masiva en el SNS, con intención de dar salida laboral a profesionales de la psicología sin la especialidad, apenas aliviaría la precariedad que vive el sector en una o dos promociones. Esta petición poco realista y con una lógica de crecimiento diferente a la del sistema sanitario en general, que solamente podría tener un carácter puntual y determinado, frenaría en seco todo el crecimiento estructural y la evolución de la psicología en el SNS que se está dando de modo sólido y planificado.

El sistema PIR se presenta, de este modo, como una formación solvente y flexible, capaz de responder con un buen margen de actuación a las necesidades del sistema. La experiencia en Cataluña es una muestra de esta flexibilidad. Aún no tenemos datos de los resultados de la inversión en recursos humanos que se ha dado en esta comunidad (Público, 2016; Infocop, 2018) en los últimos años, pero parece que ha propiciado una subida relevante en la contratación de profesionales y ha absorbido gran parte del remanente de especialistas que se encontraba en paro. El resultado no es otro que, en coherencia, el aumento sustancial de plazas PIR en dicha comunidad donde se incrementó de 22 a 41 plazas PIR (Defensor del Pueblo, 2019), y este aumento ha venido para quedarse y permanecer como una oferta estable en la FSE de Cataluña. Por lo tanto, no se trata de luchar por un crecimiento puntual, sino por un crecimiento mantenido que dé cuenta de las necesidades de la población a largo plazo. Aunque esto no significa que el SNS esté suficientemente dotado en la actualidad.

Parece necesario e imprescindible el crecimiento a una ratio mínima de 12 prof/100.000hab que solamente puede proponerse en el contexto de una especialidad madura, con una implantación mínima que puede permitirse nuevos retos. Prado-Abril et al. (2019) describe parte de estos retos como: profundizar el excelente marco de supervisión individualizada que permite la residencia, profundizar en la coordinación con Atención Primaria, crear nuevas especialidades en ciencias de la salud como la psicología clínica infanto-juvenil o la neuropsicología clínica, apuntalar la trayectoria ascendente en número de plazas PIR así como trabajar en la posibilidad de que los y las profesionales de la psicología clínica vayan progresivamente ocupando puestos de coordinación y gestión, incluso en el contexto de servicios propios de psicología clínica.

A modo de limitaciones de esta revisión, es necesario tener en cuenta que los datos presentados provienen de fuentes oficiales, aunque fiables, implica que solamente se puede disponer de ellos con retraso. La foto fija que ahora presentamos seguramente sea la realidad de entre tres y cinco años en el pasado. Los datos difieren en fechas y criterios a la hora de recogerse lo que también amenaza su fiabilidad.

Son necesarios más estudios que investiguen la capacidad y eficiencia de la psicología clínica a la hora de gestionar la demandas psicológicas de la ciudadanía, contextualizados en datos epidemiológicos y estudios poblacionales de necesidades. Sería importante contar con la presencia del Registro Estatal de Especialistas Sanitarios (REPS) ya previsto por la Ley 44/2003 de Ordenación de Profesiones Sanitarias y/o exigir a los diferentes sistemas sanitarios de las comunidades autónomas tener datos de recursos humanos disponibles en portales de transparencia.

REFERENCIAS


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